30.1.12

Pasando el rato

Probablemente no sea nada, pero quería ponerlo...XD hace un rato me puse a escribir y esto es un peque qui de lo que salió de todo. 

Se hacen llamar los merodeadores pero yo los conozco como Potter, Potter dos, uno que no es Potter y el que desearía ser Potter. Diablos, que manera de repetir ese apellido. ¿Estaré tratando de acostumbrarme al sonido fatídico de esas sonoras vocales? ¿O me va más la sensualidad pérfida de las consonantes? 
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28.1.12

OH!

Debido a que tengo la cabeza en cualquier parte, cuando estaba modificando el blog, lo desconfigure ( y a otro que tengo también) . Como podrán ver, perdí las encuestas, los enlaces y anda a saber que mas. Espero sepan disculpar las molestias gráficas y practicas ocasionadas. T_T

Por dios, que patosa que soy qui.
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26.1.12

La única excepción III

Hola! Gracias por pasarse, pero sobre todo, miles de gracias a Letter que siempre me deja su apoyo!!!!!
Cap dedicado a Letter. ;)
¿Consejo para el corto? La canción de Adele, Someone like you.
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Era extraño como la vida daba giros de forma tan brusca. Como luego de ese juego de vueltas, cuando todo se detenía, las cosas eran aún más sofocantes y desagradables. Se sentía igual que estar varado en medio de una tormenta con la pesadez de una lluvia de verano.

Elis miró por la ventana.

No era una coincidencia la analogía, fuera, en la ciudad, los rayos iluminaban de vez en cuando el cielo y las gotas se hacían cada vez más grandes sin darle tregua a los transeúntes.

Lamentablemente habían llegado a ese punto.


El vacío en toda relación sin importar de que índole fuese esta.


El instante en el que uno es consciente que las cosas no van a avanzar para atrás, ni para adelante. Es sentirse sin aire, sin esperanzas, con la desazón y el gusto amargo en los labios por no saber que decir para salvar lo poco que queda en ruinas.

Aquel día había comenzado como cualquier otro. Ella había pasado a dejar a la perrita que ambos compartían desde hacía un par de años. Esa que les había dado tantos momentos de cariño y compañía. La que les hacía estar de acuerdo en muchas cosas solo por su bien.

¿Cuál había sido el detonante?

Elis no estaba segura. Probablemente no era del todo importante, la bomba hubiese explotado de todas formas.

Sintió un nudo en la base del estomago, como si hubiese comido mucha comida frita. Claro que nada tenía que ver con eso.

Salieron, porque ella necesitaba llegar al trabajo y él debía hacer sus cosas. Paddy, la perrita había quedado con Carmela, la mucama de Sirius que iba los miércoles y viernes, cuando éste no podía quedarse por la mañana.

El viaje en el automóvil de él se hizo pesado, cortante.

Elis sabía que tal vez debía haberse disculpado por lo que dijo, pero era tanto el orgullo que la recorría que le resultaba jodidamente difícil. Aun ahora, sentada en su oficina, mirando por la ventana le costaba.
Sirius había detenido el motor frente al edificio del estudio de Elis. Había mantenido el mutismo hasta el segundo en que ella hizo ademan de abrir la puerta.

― ¡Quiero algo más!― Reclamó frustrado. Los ojos vidriosos de su acompañante tardaron en enfrentarlo y cuando lo hicieron, la fuerte descarga eléctrica en su columna fue el despertar de algo nuevo. O mejor dicho, la validación de lo que ya estaba allí con anterioridad, esperando.

La sorprendió. Obviamente. De cualquiera de las opciones que pensó como resultado de la discusión, la declaración aquella no era ni de cerca lo que esperaba, su consciente por lo menos.

― ¿Cómo? ― fue la pregunta que lo regresó del mar de pensamientos que estaba ahogándolo. ― ¿A dónde llegaríamos? ― expresó con dolor. ― No quiero...― atragantó con su propio pesar. ― no quiero pelear toda la vida, no deseo...


― Entonces no lo hagamos. ― cortó con dureza. Debía hacerla reaccionar. ― Dejemos pasar esto que ocurre. Vivir con la duda de si podríamos hacerlo funcionar es lo simple.


― Sirius, estás siendo cruel. ―

Fue lo más sincera que pudo con el corazón casi saliéndosele por la boca; con ésta ultima seca por los nervios.

― ¿Y tú no? ― preguntó exasperado. ― Si, hace años dormí con tu hermana. Si, no te soporte desde un comienzo. Si... ¡sí! a todo lo que pasa por tu mente pero ¡aprendí a apreciarte! ¿Tiene de malo decir lo que realmente siento aun cuando te escondes como si fueses la cobarde que sé que no eres?

Ahora recordaba. Si tan solo…hubiese tenido un poco mas de tacto con su respuesta. Si tan solo no le hubiese respondido de forma tan despectiva cuando había dicho: ― “La verdad es que no me molestaría casarme nuevamente contigo.”

Tras eso ella rió, quitándole importancia y con la lengua afilada respondió: ¿Me estas jodiendo? Ni loca lo hago de nuevo.

La chispa que desencadenó reclamos olvidados, malestares sobrantes, recuerdos que era mejor dejarlos en donde estaban, como el hecho de que él había estado con su hermana. Con Vanessa.

Dios.

Ahora eso dolía mucho más que antes y la respuesta sin ser consciente, estaba ahí.

Él se pasó una mano por el cabello negro azulado, frustrado, enojado. ¿Cómo es que habían llegado a ese punto de no retorno? El camino frente a ambos se abría en dos ramas y ya era hora de decidir.


― Debes enfrentar lo que sientes, Elis. Si no, vivirás huyendo de todo, yo...yo no soy más que una página en el capítulo de tu vida. ― creyó percibir como la voz del hombre disminuía a medida que continuaba, como si la garganta se le hiciese más rasposa. ― Te pasa conmigo, y te volverá a pasar con el próximo si no lo solucionas aquí y ahora.

¿Sirius Black hablando de sentimientos a las ocho de la mañana? Parecía sacado de una novela de terror, ambientada en universos alternos, mundos bizarros. Pero había ocurrido, en la puerta del edificio en donde estaba ahora, en las escaleras, antes de que ella entrase como todo los días.

No pudo mirarlo. Realmente no pudo.


Bajó la cabeza apenada con el corazón en un puño y la sensación de estar perdiéndolo todo.


¿Cómo había terminado así?


¿Qué los llevó allí?

Lo vio bajar los peldaños que quedaban con cierta ira contenida. Los puños a los costados, la espalda rígida. Sobre sus cabezas la negra tormenta anunciada amenazaba poderosa. Y ella permanecía en lo alto con la mirada gacha y la sensación de que el mundo se le venía encima.


¿Por qué las cosas debían cambiar?


¿Tan malo era dejarlas inmóviles, impenetrables, seguras y estáticas?


― Esta...― la voz de Sirius llamó su atención. ― No es manera de vivir Elis. Sé lo que siento y lo que quiero. Tal vez quieras quedarte en tu lugar seguro pero he vivido mucho tiempo en un espacio así. ― era inevitable pensar que se refería a la relación que había tenido durante años con su familia por más enferma que esta fuera.

Ella permanecía en completo mutismo.


Los labios de él se movieron pero no emitieron sonido alguno.


Se estaba dando por vencido.


Sirius Black estaba dando un paso al costado.


Le dio la espalda a la mujer que permanecía en el tope de la escalinata.


Se rompió, algo dentro de ella se rompió. Deseaba tanto decirle que no se fuera, que encontrarían una manera, que ella encontraría la manera de no ser tan cobarde. Pero simplemente no pudo.


Lo vio alejarse a paso rápido, hacia su automóvil.

¿Por qué la conversación se había vuelto tan seria? ¿Tan sin marcha atrás? Hacía días que no habían peleado, días sin que hubiese enfrentamientos del estilo liviano: yo digo, tú dices.

Tal vez lo que ocurrió en la boda de Remus y Tonks, pero se había solucionado como si nada. Incluso Elis había utilizado parte del dinero que él le dio para invitarlo a comer dos días después.

Diablos.

El nudo en su garganta iba y venía, paseándose desde la parte superior del cuello hasta la base del estomago, en donde se movía incomoda.

La opresión en el pecho.

La sensación de que las cosas estaban solo a punto de empeorar.

El timbre del teléfono la sobresaltó.

Respiró profundamente antes de levantar la bocina.

― ¿Si? ―

― Lily Evans en la línea dos. ― Valerie tenía voz de locutora, no había duda en ello.

― Gracias.― le dijo a su secretaria.

Solo tuvo que esperar un segundo antes que la voz de su mejor amiga llegara a sus oídos.

― Elis…

― ¿Llamas para confirmar lo de hoy en la noche? ― preguntó tratando de sonar distendida.

― Elis… ¿Cómo es que Sirius se va a Estados Unidos?

Era la primera vez en mucho tiempo que Elis Brox sentía como si le estuviesen pateando en medio del hecho un equipo de futbol americano. Todos ellos y sus suplentes.

Joder, que mareada se sentía.
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